Cómo lo familiar se vuelve ominoso* -“guarda que se viene el aluvión zoológico”-

30 abril 2009

*[Ominoso: término muy usado por la literatura psicoanalítica que proviene de la voz alemana unheimliche, que alude a lo no-familiar (el un- es el negativo), lo extraño, lo no conocido, lo siniestro. Lo que S. Freud plantea es que en determinadas acepciones heimliche coincide con su negativo; ya el lenguaje nos hace notar que por alguna “vía misteriosa” (la represión o negación) “lo familiar” se nos presenta a nosotros como “siniestro, ominoso” sin poder nosotros dar una explicación alguna de este giro lingüístico-significante.]

***

Como alguna vez he dicho, no es mi intención escribir alguna interpretación berreta sobre algún hecho concerniente a la “psicología de lo profundo”; mi intención es abrir el juego al análisis y crítica de ciertas actitudes sociales de racismo, odio viseral. De ese eterno retorno de lo igual que hace que compulsivamente haya reticencias generalizadas hacia ciertos sectores y actores sociales (provenientes, las más de las veces, de los sectores de base o populares).

De ahí que el subtítulo alude a la funesta frase, exponente máximo de la superestructura de la “inteligencia” mezquina e individualista, que decía un señor llamado Ernesto Santamarino (al calificar a las hordas peronistas de los trabajadores como aluvión zoológico).

 

¿Cuál es el elemento que posibilita este odio?
¿Qué es lo que produce tanta resistencia, tanta negación del
país real?

Jauretche, en El medio pelo en la sociedad argentina, nos da unas brillantes explicaciones, propias de un sociólogo/psicólogo que se la sabe lunga:

“La inteligencia ha configurado su esquema dentro del cual se puede ser desde Maurrasiano a Leninista [es de decir, desde Facho a Comunista], pero que excluye una presencia social vernácula que ya está decretada “anticultural

Y unas líneas más abajo:

No es el origen social el que determina la aceptación, ni siquiera el ideario: es conformarse en los esquemas culturales pre-establecidos. Una vez incorporado al -status- de la inteligencia, el sujeto, hasta subconscientemente es parte de ella, y todas las discordancias ideológicas dentro de la misma pueden existir, pero sobre el supuesto de que se ajusten a la idea de la cultura que intente expresarse con otros módulos de cultura distintos por nacionales: es la barbarie.”

Y para que se entienda todavía más:

“Se trata en realidad de un común -status- cuyos miembros se suponen élite intelectual, dividida entre sí por las ideologías, pero conforme en conjunto en ser élite frente a la multitud innominada [de lo cual aludo a ese carácter ominoso]…”

A mi entender, lo que el autor no está queriendo transmitir es que, tanto por derecha o por izquierda, existen ciertas pautas, cierta idea de status [o mejor dicho, de status quo] de las cuales una élite se constituye como el “correcto”, como el de “gente bien”. Además, y siguiendo las citas, no interesa la supuesta bandera política, ni las diferencias socio-económicas: lo que esta intelligentzia no puedo tolerar es que ciertos grupos que parecían no-existir (el país real) tome las riendas de su destino histórico y se presente como un sujeto socio-político-cultural nuevo, con igual o tal vez más protagonismo político; lo reticente que esto produce es, justamente, la crítica a la hegemonía de esta superestructura cultural, a esta patria chica que no se pretendía negociar.

No es casual tampoco que el amigo Jauretche nos diga “multitud innominada”: el no-querer nombrar a una persona o a un conjunto de personas responde a una negación, a un proceso represivo propio de no poder asimilar ciertas características que ese grupo al cual se trata de hacer pasar como “no acontecido” posee. En estas estructuras socio-culturales tan rígidas, estamentadas y excluyentes no pudo ser comprendido e interiorizado este hecho histórico. Pero tampoco era la primera vez: ya cuando “el gran Sarmiento” nos hablaba de “Civilización Vs. Barbarie” nos trataba de situar dentro del mismo esquema excluyente y auto-represivo (o bien, para meternos en lo coyuntural, sin la intención de juzgar el contenido sino de ver el mensaje en sí, al escuchar que se habla de “un piquete Vs. una protesta de ambientalistas” estamos haciendo notar una sútil diferencia).

Esta compulsión a repetir los mismos procesos excluyente a través de nuestra historia nos hace ver, ineludiblemente, el hecho de que para esta pseudo élite “lo familiar se torna siniestro”: no pueden soportar, que lo que creían propio, hegemónico e inamovible pueda llegar a ser nada más que cuestionado (porque ni hablar de cuando las conquistas sociales se hacen efectivas).

Lo unheimlich es todo lo que estando destinado a permanecer en secreto, en lo oculto, ha salido a la luz”. (Freud)
(Como si ciertos “fantasmas” pudieran volver; se alude a “lo nostálgico”, a que “el pasado siempre fue mejor”)

No pueden permitir que un cabeza les pueda llegar a mover el piso, le pueda llegar a cuestionar su legitimidad dentro del juego de poder, no pueden bancarse la pérdida de ese status no real, que supieron construir mediante la imitación.

En esto hay que ser absolutamente claros: todos los seres humanos buscamos la estima, la confirmación en los otros, la legitimación y el reconocimiento; pero una cosa es eso, y otra muy distinta es estar viviendo una realidad inventada, auto-creada y no existente que alude a un status de alta clase que nunca se tuvo ni se tendrá. Esto es terrible, ya que produce que un sector de la sociedad, el sector medio en particular, no asuma su rol y protagonismo histórico, lo cual tiene como consecuencia la no creación de una burguesía nacional, conciente de su destino histórico, en detrimento de la implantación de una satisfacción sustitutiva que pugna, cual un sueño, por expresarse como mociones de deseo efectivas y “reales”.

Alguien dijo alguna vez que en la vida existen 2 fuerzas que en una dialéctica constante pugnan por ganarse una a otra. Las han llamado “el bien y el mal”, “la vida y la muerte”, “lo positivo y lo negativo” o también “el progreso y el status quo”, entre otras denominaciones (esto no es excluyente; existen también valores intermedios ya que a veces existen “grises”, pero sólo a veces).Dentro del segundo grupo (me gusta hablar de Muerte para aludir a él) están las explicaciones o supuestos que a mi juicio podrían responder a esas 2 retóricas planteadas en el comienzo.

ODIO: puede entendérselo como una respuesta sustitutiva a otras cuestiones: se lo puede entender como consecuencia del no-amor, como mecanismo de defensa hacia elementos a los cuales no podemos dar cauce o incluir, como la no posibilidad de asimilación de un suceso u objeto o como un sentimiento desesperado ante la imposibilidad de llevar a cabo nuestra voluntad [mezquina].

“Quien posee algo valioso, y al mismo tiempo frágil, teme “la envidia” de los otros, pues les proyecta la que él mismo habría sentido en el caso inverso“. (Las comillas son mías, J.A.F.)

Siguiendo este esquema, es posible aseverar que todos estos mecanismos reticentes aluden a un odio no-procesado; es que al no poder aceptar el cambio hacia lo bueno, lo positivo, el progreso o hacia el amor (sin ponerme cursi lo digo eh…) se juegan en las personas (y de forma mucho más compleja en las sociedades) procesos que responden a la negación de eso que no se quiere ni desea.

Esta negación al país real, o a la existencia de otros actores sociales que también tienen o deberían tener plenitud de derechos (o, llevando esto al caso Armenio: la negación histórica de un Estado a una matanza sistematizada, a un genocidio perpetuado con total impunidad y sin culpa alguna) nos hace ver que la Muerte se vale de distintos mecanismos para imponerse.

Que la llegada a esa Buenos Aires europeizada, “francesa” y exclusiva (“la Perla del Plata”, la sucursal europea en “las Américas”, el exponente de lo cosmopolita) de una masa amorfa, inculta, salvaje, con prácticas no cristianas, sucia, mestiza e india produzca esto es, lamentablemente, lógico si entendemos estos cánones o pautas sociales que rigen a las estructuras de poder social-económico-político y sobre todo culturales. Lógico, digo, ya que yendo desde Jauretche a Freud (y noten que aludo a tipos muy distintos en muchos aspectos, que estudiaban y se ocupaban de cuestiones en apariencia no relacionadas) estamos notando ciertos rasgos de carácter o patrones propios del hombre malo por naturaleza; uno estudiando a la sociedad argentina, sus contradicciones y demás y el otro tratando de describir un esquema del psiquismo humano y situando a este trueque que va desde lo familiar a lo siniestro como consecuencia a un proceso represivo.

Tanto por derecha como por izquierda no se pudo asimilar ese proceso histórico que se estaba dando (y no fue por omisión; la resistencia siempre es intencionada -por más que sea inconsciente-).

 Más allá del Movimiento político que hacía esto posible (entiendo que puede y debe haber discrepancias y contradicciones de tal o cual Gobierno y Modelo), hay que entender esa no capacidad de aceptar que ciertos grupos relegados históricamente de todos sus derechos civiles y humanos puedan, de vez en cuando, tratar de ser portavoces de su propio destino y bienestar. Parecería que, como se aludió a una repetición a esta reticencia, negación y odio, no se va a llegar nunca a buen puerto. Pero creo que si tenemos en claro que este odio humano, que esta Muerte existe debemos poner nuestro empeño en que nunca más una voluntad mezquina, sectaria, individualista, excluyente, racista y discriminatoria castigue a estas expresiones populares. A lo que voy es que no hay que entrar en posiciones ingenuas y simplistas al pensar en que alguna mano mágica o personaje con buena voluntad hará alguna vez posible que esto cambie (porque por más buena voluntad que existe por uno u otro, teniendo como hecho este odio viseral es muy difícil).

Porque el ejemplo del aluvión zoológico es uno, quizás el más significativo por el cambio paradigmático o punto de inflexión, pero solamente uno dentro de la fuerza que quiere que nada cambie, bajo ningún punto de vista, cueste lo que cueste y caiga quien caiga (y “la pucha” que hay ejemplos de la voluntad que expresa esta frase…).

 

Julián A. Ferreyra
jAf-

Bibliografía consultada/recomendada 

  • FREUD, Sigmund: Lo ominoso”, De la historia de una neurosis infantil (el <Hombre de los Lobos>) y otras obras (1917-1919). En Obras Completas, Tomo XVII. Amorrortu editores.
  • JAURETCHE, Arturo: El medio pelo en la sociedad argentina, Capítulo IX: Las clases medias, la nueva burguesía y la aparición del “Medio Pelo”. Analogías y diferencias con el “Medio Pelo”. En Obras Completas, Volumen 3. Ed. Corregidores.
  • SANTORO, Daniel: “La estética Peronista”, en la Revista Caras y Caretas (Verdades y Mitos del Peronismo). Año 48, Nº 2.231.

¿El Malestar en la Cultura o La Cultura del Malestar?

18 febrero 2009

opuestas?

opuestas?

¿El Malestar en la Cultura o

La Cultura del Malestar?

 

 

 

 

 

 

Allá por el año 30’, Herr Doktor Sigmund Freud producía uno de sus escritos más maduros y “comprometidos”, titulado El Malestar en la Cultura.

Sin querer entrar de lleno a un análisis psicoanalítico profundo (ya que quién les escribe no es un erudito por el momento en el tema; y además no es el objetivo buscado) pretendo sí relacionar estos valiosísimos aportes que hablan de generalidades, con una presión cultural en particular: la propia, la de este aquí y ahora en la Argentina y “el Mundo” del nefasto postmodernismo. Y además, sentar las bases para que con más tiempo, esfuerzo y análisis se pueda, como Club, llegar a realizar desde un enfoque multidisciplinario una reflexión acerca de estas cuestiones fundamentales que involucran al conjunto social todo dentro de este “quiste” necesario (pero no por eso no-cuestionable) como lo es la Cultura *1.

Dentro de su frondosísima obra, este ensayo en particular se diferencia por tener muy presente un carácter filosófico (y si se quiere sociológico) además del enfoque psicoanalítico característico, ya que nos sitúa en el eterno conflicto o dicotomía individuo-sociedad (exigencias pulsionales Vs. restricciones impuestas por la cultura), argumentando que existe un malestar en los seres humanos propio del proceso cultural del cual son y serán atravesados.

Este malestar se pone de manifiesto en la insatisfacción que el hombre de la cultura [tomando a este término en un sentido amplio, abarcando todas las manifestaciones culturales en lo particular y general] sufre por la simple razón de que la misma debe controlar, restringir, repeler, reprimir, sofocar o aniquilar esos impulsos eróticos y agresivos (que aunque parecen contrarios, se verá que están íntimamente relacionados y que poseen casi idéntica génesis) para poder ser realizada, poder realizarse dentro (instauración de un Superyó que regle la moral y la culpa de los seres) y fuera de los individuos y llegar a hacerse indispensable, inherente y necesaria para convertir al humano en ser humano.

Para Freud, esta sofocación de las mociones pulsionales más puras, “innatas” y fuertes lo diferencian de ese hombre primitivo, “sin restricciones”; y le producen, entre otras cosas, la Neurosis *2 (expresión en síntoma de esta auto-represión impuesta y auto-impuesta).

Ya desde los orígenes de nuestra raza, en ese supuesto genético del Mito de la horda primitiva *3, para lograr la convivencia humana fue necesario pasar del poderío de una sola voluntad tirana (la de ese Padre o patriarca supremo) al poder de todos, al poder de la comunidad; es decir, que todos debieron sacrificar algo de sus instintos (a mi juicio, llegar al Bien Común): la cultura los restringió. O sea, los sacrificios colectivos a favor del tabú (regla auto impuesta y consensuada; por ej., la prohibición del incesto o “un contrato social”) posibilitaron instaurar esa autoridad suprema, superadora de todas las subjetividades (instauración del primer orden social).

O en palabras del autor: “El resultado último debe ser un derecho al que todos –al menos todos los capaces de vida comunitaria –hayan contribuido con el sacrificio de sus pulsiones y en el cual nadie –con la excepción ya mencionada –pueda resultar víctima de la violencia bruta.” (Esto es, que no sobrevenga la “Ley del más fuerte”).

Curiosa pero a la vez obvia conclusión: pareciera que si seguimos este axioma llegaríamos a mostrar cómo la misma fuerza que nos oprime (véase, ese contrato social o “unión que hace la fuerza”) puede llegar a liberarnos, a realizarnos tanto como individuos o como sociedad… Que la enmienda del ser humano sea buscar un equilibrio entre las demandas individuales y las exigencias culturales de masa que le depare eso tan preciado y misterioso: la felicidad (pero no la expuesta por Palito Ortega, claro…).

 

[Movimientismo Vs. Individualismo]

 

¿Cómo encontrar esa felicidad en medio de una Cultura del Malestar? ¿Cómo encontrarla, teniendo en cuenta la existencia de una fuerza propia de la cultura y de los seres, que pretende “llevar todo hacia su situación originaria”, “hacia atrás”? (Pulsión de Muerte).

¿Cómo hacer que esa bendición que tienen los hombres parar reunirse en unidades cada vez mayores y ricas (Eros) pueda hacerle frente a semejante aluvión?

Y siguiendo este último enunciado de “esperanza”: ¡¡¡¿Cómo hacer para amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos?!!!  (O al menos “amarlo como él te ama a ti”)

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Con esto, indudablemente, diríamos: “Homo Homini Lupus”. En todo nuestro derecho: claramente debemos atribuirle al hombre una tremenda cuota de agresividad, de competencia y de demanda individualista (factor que perturba los vínculos interpersonales, desde luego).

¿Cómo “soportamos” esto? Pues bien, “la cultura a nuestro auxilio” (pero de forma paradójica): en vez de llevar a cabo una actitud “racional”, en vez de combatir esto por una vía que alivie al ser, realiza todo lo contrario: violencia para combatir la violencia. Nos expone a una agresión tanto más superior de la que nosotros mismos producimos, llevándonos a una consternación y a una solución que no soluciona nada. Consternación generada por la imposibilidad de descargar, de abreaccionar esa agresión por una vía “sana”, que nos da como resultado un incremento de la autodestrucción, o agresión hacia adentro, o si se quiere masoquismo (aquí es donde se ve esa íntima relación antes mencionada entre la agresión y lo sexual); o, en el caso opuesto, un incremento de las mociones sádicas o violentas hacia “el prójimo” (tanto peores que las -innatas-).

 

(¿No les resulta familiar este enunciado con numerosas campañas político-sociales basadas en la “mano dura” y compañía?)

 

…Y ahora bien, con este “alentador” panorama:

¿Cómo hacer para realizar la casi imposible (por no decir lisa y llanamente no-posible) tarea de buscar el placer y evitar el displacer?

En el texto, el autor distingue 3 fuentes del sufrimiento humano (resumidas brevemente): el poder de la naturaleza, la caducidad de nuestro cuerpo y nuestra insuficiencia para regular nuestras relaciones sociales. Las dos primeras, inevitables; no entendemos la tercera: ¿por qué la sociedad no nos procura satisfacción o bienestar? (de ahí la natural hostilidad hacia lo cultural).

 

“Hecha la Ley, hecha la Trampa”.  Creo que a modo de introducción, deberíamos plantearnos “qué trampas” hacerle a estas leyes culturales que nos oprimen; así como también indagar en el todo y en la suma de las partes (nosotros) acerca de actitudes como el conformismo, la obediencia, la sumisión, entre otras.

Sólo así, tal vez en algún momento tengamos “una cultura como la gente”, una cultura que nos posibilite lograr eso que los que saben siempre dicen: el equilibrio (o sinónimos como equidad, inclusión, igualdad, etc.).

No es menester de este, mi humilde texto, ni del texto del cual me inspiro criticar o demonizar a la cultura: la cultura no es algo ajeno o intocable para nosotros, los Homo Sapiens. Por el contrario, debemos poder tomar conciencia de que nuestras acciones y cambios moldean y moldearán a la cultura; indagando, daríamos cuenta de que parte de “lo siniestro” de las culturas es hacernos “olvidar” que fue la raza humana quién creó el mundo conocido, quién hizo tanto “lo bueno” como “lo malo” (ya que no hubo ningún ente superior que hizo o dejó de hacer los hechos y la historia).

Debemos saber, por último, que en esencia la Cultura es un proceso al servicio del Eros, el cual como se mencionó pretende reunir a los individuos aislados, para así lograr “la gran unidad”: La Humanidad. Y aunque aceptemos a la agresión como inherente al S.H. no por eso debemos resignarnos y no tratar de enmendar “este error de fábrica”, para así poder sortear ese sentimiento de culpa que nos procura menos felicidad, menos dicha. Y así, humildemente y de una vez por todas, hacer lo que decía el viejo Borges (con quién no comparto muchas cosas, pero sí esta frase): “mi único objetivo es ser feliz”

Julián Agustín Ferreyra

[j.A.f.]

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Notas.

 

(*1)Cultura: refiere el texto original al concepto en un sentido amplio; no da cuenta de la cultura en tanto y en cuanto a las manifestaciones culturales más conocidas (como podría ser el arte, la literatura, la música) sino al proceso socializador que hace al hombre ser un ser social, un ser que comparte, inventa y transmite saberes.

 

(*2)Neurosis: En esta obra se la concibe, a fines prácticos, como la lucha entre el interés de la autoconservación y las demandas de la libido, en el cual el Yo (o autoconservación) triunfa, pero paga un precio (el síntoma o formaciones sustitutivas de estas mociones sexuales-libidinales).

De aquí, otro dualismo fundamental para entender el análisis: Eros (extensión incesante, fuerza que acepta “los avatares de la vida” en pos de un camino “hacia adelante”) Vs. Pulsión de Muerte (que para hacer una comparación con lo político, pretende “conservar el status quo”; “ir hacia atrás”, “volver a lo inorgánico”).

 

(*3) Tótem y Tabú.

 

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Bibliografía.

 

FREUD, Sigmund: “El Malestar en la Cultura”, en Obras Completas, Amorrortu editores, tomo XXI.

 

Resumen de “El Malestar en la Cultura”, en http://www.geocities.com/psicoresumenes/Freud/freud3.htm