Contradicciones para NO contradecirnos

30 abril 2009

Blanco Vs. Negro.
Boca Vs. River.
Peronistas Vs. Radicales
Vida Vs. Muerte.
Privado Vs. Público.
Capitalismo Vs. Socialismo.
Progreso Vs. Status Quo.
Izquierda Vs. Derecha.
“Mano dura” Vs. Progresismo.
“El campo” Vs. El Gobierno.

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Más que una reflexión o ensayo acabado, quería abrir el juego del debate para hablar sobre algunas cuestiones; las contradicciones.

A muchas personas muchas veces se les erizan los pelos por “lo contradictorios que somos los argentinos” o “qué país lleno de contradicciones”. En fin, ambas frases aluden al mismo error.

Si hay un elemento que diferencia completamente a los seres humanos de los demás hermanos animales es la capacidad de significar: definirnos, definir a un otro y crear relaciones simbólicas para poder valernos de herramientas [culturales]. Esa capacidad, que parte justamente de la infinidad de subjetividades que coexisten, nos hace ser necesariamente distintos.

En el contexto de este mundo subjetivo, las posiciones encontradas existen. Fueron, son y serán las causantes del factor humano en el hombre: le permiten tener una historia común, por ejemplo.

Ahora bien, dejando un poco de lado la teoría para pasar a la empiria (a lo pragmático), me proponía a reivindicar la importancia y la necesidad de profundizar las contradicciones; nuestras contradicciones como sociedad, como conjunto político que necesariamente debe construirse dentro del marco de nuestras subjetividades contradictorias.

Creo yo que lo opuesto a una contradicción es el reduccionismo, la polarización: una contradicción no es un discurso contradictorio, un razonamiento circular o una postura dogmática sin fundamento del sentido común.

La necesidad de profundizarlas viene como solución a estos enunciados que se crean con el fin de engañar, confundir, malinterpretar o, como antes he escrito, a ser zonceras.

Por eso creo que la importancia de profundizar las contradicciones está en el hecho de que para poder analizar y construir una historia en común, un presente lleno de coyunturas y un futuro que motive a lo utópico es nuestro deber aceptarlas, como decía el compañero Foucault.

Aceptarlas, estudiarlas e indagarlas para no caer en esos reduccionismos que nos impiden crear ideas y propuestas superadoras.

No quiero añadir a esto siguiente una carga valorativa, pero decir, por ejemplo “Campo Vs. Gobierno”  o “Mano dura sí, Derechos Humanos no” es caer en una terrible polarización mediática, en un terrible reduccionismo cargado de errores estructurales.

En vez de realizar etiquetas sin sentido, ¿no sería mejor, entonces, que se tomen en serio las contradicciones, cuya experiencia hizo nacer esa historia política conjunta? 

Reitero: esbozo todo esto porque me parece que reflexionar acerca de nuestras contradicciones, de nuestro pasado común, de las diferencias que nos hacen Nación y argentinos (con todos los desaciertos y virtudes, claro está) es fundamental para salir a buen puerto en el contexto del debate de ideas; y para demostrar, de una vez por todas, que los intereses contrapuestos [deben] existir.

 

Julián A. Ferreyra
jAf-

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