Un Cacho de Actualida’

27 mayo 2009

El eterno retorno de lo igual, ¿otra vez?

No, señor Nietzsche. Esta vez no lo vamos a permitir…
¿Otra vez sopa?

[Bueno, ojala fuera sopa, que es un alimento digno, “signo de virilidad” -¡andá  tomar la sopa, querés!-].

Alfonso P. Gay reivindicando a La Salada… ¿suena de vanguardia, no?http://www.elprat.cat/

Pues bien, la verdad no: donde él dice “informalidad de los excluidos” yo, un tipo común, veo “trabajo en negro, precario”; donde él, el gran economista, ve “honradez del hijo ayudaba al padre”, yo veo “trabajo infantil”.

¿Cómo puede ser que a esta altura del doparti tengamos que comernos semejante buzón?

¿No es más que obvio (y lo digo siendo una persona no muy ducha en cuestiones de economía) que reivindicar a La Salada es sinónimo de “que se vayan al diablo” (por no decira la mierda) las empresas nacionales, las PyMES y todo el modelo productivo (en este caso la producción textil)?

¿Queremos retornar a esos años, en donde las fábricas se cerraban?
¿Queremos, realmente, hacer una regresión a esas etapas o estadios anteriores que tuvimos y sufrimos?
¿Queremos la zoncera SERVICIOS+FINANZAS o preferimos poner al Trabajo como piedra fundamental que de paso a la coherencia de un modelo centrado en la PRUDUCCIÓN?

En este caso, quizás lo mejor no sea que RESISTAMOS: y lo digo, porque si seguimos resistiendo a llegar a ser de una vez por todas un país no colonial, donde la dignidad y la justicia primen, vamos a seguir poniéndonos resistencias que nos harán, lamentablemente y de forma cuasi paradójica, volver a esos estadios anteriores; en donde la libido, o en este caso, la riqueza, estaba concentrada….

Y digo, que no vamos a permitir que volvamos siempre a lo mismo; que la historia se encargue de realizar esa función cínica que tiene, que es siempre volver atrás: que siempre retorne [lo nefasto].

***

Ah!, me olvidaba: miremos Rial para ver quién mide más…

(A mi me gustaría que gane Fernandito Helicóptero pero porque me causa gracia quien lo imita…y no porque quiera que sea El presidente Radical 2011)

***

Ojo, soy un tipo de familia.

Toda la riqueza la hice por mérito propio. Nunca hubo un Estado que me benefició por la bonanza estructural del momento; eso sí: cuando me fue “mal”, sí fue culpa del Gobierno de turno. De ese Gobierno que quiere estatizar, que quiere expropiar, que quiere serChavista…y naturalmente, siempre y de forma compulsiva el 4º Poder -o, preferimos, Poder de Cuarta- siendo funcional por acción u omisión a estos Profetas del Odio

¿Me ayudás a que todo esto no pase? [No]

***

La ecuación de la UC (Unión Democrática resignificada y traída de la década del 40′ a estos tiempos)

Mauricio hijo de ..[Franco] Franciscoel Rey + Gabriela beneficio secundario de la enfermedad Alfonso P. Gay + Elisa Delirio Místico, megalomanía, plausible de ser aplicada en ella toda la psicopatología Carrió + Cleto que la historia me juzgue [no te preocupes, no vas a tener ninguna calle…] Cobos

Julián A. Ferreyra

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Cómo lo familiar se vuelve ominoso* -“guarda que se viene el aluvión zoológico”-

30 abril 2009

*[Ominoso: término muy usado por la literatura psicoanalítica que proviene de la voz alemana unheimliche, que alude a lo no-familiar (el un- es el negativo), lo extraño, lo no conocido, lo siniestro. Lo que S. Freud plantea es que en determinadas acepciones heimliche coincide con su negativo; ya el lenguaje nos hace notar que por alguna “vía misteriosa” (la represión o negación) “lo familiar” se nos presenta a nosotros como “siniestro, ominoso” sin poder nosotros dar una explicación alguna de este giro lingüístico-significante.]

***

Como alguna vez he dicho, no es mi intención escribir alguna interpretación berreta sobre algún hecho concerniente a la “psicología de lo profundo”; mi intención es abrir el juego al análisis y crítica de ciertas actitudes sociales de racismo, odio viseral. De ese eterno retorno de lo igual que hace que compulsivamente haya reticencias generalizadas hacia ciertos sectores y actores sociales (provenientes, las más de las veces, de los sectores de base o populares).

De ahí que el subtítulo alude a la funesta frase, exponente máximo de la superestructura de la “inteligencia” mezquina e individualista, que decía un señor llamado Ernesto Santamarino (al calificar a las hordas peronistas de los trabajadores como aluvión zoológico).

 

¿Cuál es el elemento que posibilita este odio?
¿Qué es lo que produce tanta resistencia, tanta negación del
país real?

Jauretche, en El medio pelo en la sociedad argentina, nos da unas brillantes explicaciones, propias de un sociólogo/psicólogo que se la sabe lunga:

“La inteligencia ha configurado su esquema dentro del cual se puede ser desde Maurrasiano a Leninista [es de decir, desde Facho a Comunista], pero que excluye una presencia social vernácula que ya está decretada “anticultural

Y unas líneas más abajo:

No es el origen social el que determina la aceptación, ni siquiera el ideario: es conformarse en los esquemas culturales pre-establecidos. Una vez incorporado al -status- de la inteligencia, el sujeto, hasta subconscientemente es parte de ella, y todas las discordancias ideológicas dentro de la misma pueden existir, pero sobre el supuesto de que se ajusten a la idea de la cultura que intente expresarse con otros módulos de cultura distintos por nacionales: es la barbarie.”

Y para que se entienda todavía más:

“Se trata en realidad de un común -status- cuyos miembros se suponen élite intelectual, dividida entre sí por las ideologías, pero conforme en conjunto en ser élite frente a la multitud innominada [de lo cual aludo a ese carácter ominoso]…”

A mi entender, lo que el autor no está queriendo transmitir es que, tanto por derecha o por izquierda, existen ciertas pautas, cierta idea de status [o mejor dicho, de status quo] de las cuales una élite se constituye como el “correcto”, como el de “gente bien”. Además, y siguiendo las citas, no interesa la supuesta bandera política, ni las diferencias socio-económicas: lo que esta intelligentzia no puedo tolerar es que ciertos grupos que parecían no-existir (el país real) tome las riendas de su destino histórico y se presente como un sujeto socio-político-cultural nuevo, con igual o tal vez más protagonismo político; lo reticente que esto produce es, justamente, la crítica a la hegemonía de esta superestructura cultural, a esta patria chica que no se pretendía negociar.

No es casual tampoco que el amigo Jauretche nos diga “multitud innominada”: el no-querer nombrar a una persona o a un conjunto de personas responde a una negación, a un proceso represivo propio de no poder asimilar ciertas características que ese grupo al cual se trata de hacer pasar como “no acontecido” posee. En estas estructuras socio-culturales tan rígidas, estamentadas y excluyentes no pudo ser comprendido e interiorizado este hecho histórico. Pero tampoco era la primera vez: ya cuando “el gran Sarmiento” nos hablaba de “Civilización Vs. Barbarie” nos trataba de situar dentro del mismo esquema excluyente y auto-represivo (o bien, para meternos en lo coyuntural, sin la intención de juzgar el contenido sino de ver el mensaje en sí, al escuchar que se habla de “un piquete Vs. una protesta de ambientalistas” estamos haciendo notar una sútil diferencia).

Esta compulsión a repetir los mismos procesos excluyente a través de nuestra historia nos hace ver, ineludiblemente, el hecho de que para esta pseudo élite “lo familiar se torna siniestro”: no pueden soportar, que lo que creían propio, hegemónico e inamovible pueda llegar a ser nada más que cuestionado (porque ni hablar de cuando las conquistas sociales se hacen efectivas).

Lo unheimlich es todo lo que estando destinado a permanecer en secreto, en lo oculto, ha salido a la luz”. (Freud)
(Como si ciertos “fantasmas” pudieran volver; se alude a “lo nostálgico”, a que “el pasado siempre fue mejor”)

No pueden permitir que un cabeza les pueda llegar a mover el piso, le pueda llegar a cuestionar su legitimidad dentro del juego de poder, no pueden bancarse la pérdida de ese status no real, que supieron construir mediante la imitación.

En esto hay que ser absolutamente claros: todos los seres humanos buscamos la estima, la confirmación en los otros, la legitimación y el reconocimiento; pero una cosa es eso, y otra muy distinta es estar viviendo una realidad inventada, auto-creada y no existente que alude a un status de alta clase que nunca se tuvo ni se tendrá. Esto es terrible, ya que produce que un sector de la sociedad, el sector medio en particular, no asuma su rol y protagonismo histórico, lo cual tiene como consecuencia la no creación de una burguesía nacional, conciente de su destino histórico, en detrimento de la implantación de una satisfacción sustitutiva que pugna, cual un sueño, por expresarse como mociones de deseo efectivas y “reales”.

Alguien dijo alguna vez que en la vida existen 2 fuerzas que en una dialéctica constante pugnan por ganarse una a otra. Las han llamado “el bien y el mal”, “la vida y la muerte”, “lo positivo y lo negativo” o también “el progreso y el status quo”, entre otras denominaciones (esto no es excluyente; existen también valores intermedios ya que a veces existen “grises”, pero sólo a veces).Dentro del segundo grupo (me gusta hablar de Muerte para aludir a él) están las explicaciones o supuestos que a mi juicio podrían responder a esas 2 retóricas planteadas en el comienzo.

ODIO: puede entendérselo como una respuesta sustitutiva a otras cuestiones: se lo puede entender como consecuencia del no-amor, como mecanismo de defensa hacia elementos a los cuales no podemos dar cauce o incluir, como la no posibilidad de asimilación de un suceso u objeto o como un sentimiento desesperado ante la imposibilidad de llevar a cabo nuestra voluntad [mezquina].

“Quien posee algo valioso, y al mismo tiempo frágil, teme “la envidia” de los otros, pues les proyecta la que él mismo habría sentido en el caso inverso“. (Las comillas son mías, J.A.F.)

Siguiendo este esquema, es posible aseverar que todos estos mecanismos reticentes aluden a un odio no-procesado; es que al no poder aceptar el cambio hacia lo bueno, lo positivo, el progreso o hacia el amor (sin ponerme cursi lo digo eh…) se juegan en las personas (y de forma mucho más compleja en las sociedades) procesos que responden a la negación de eso que no se quiere ni desea.

Esta negación al país real, o a la existencia de otros actores sociales que también tienen o deberían tener plenitud de derechos (o, llevando esto al caso Armenio: la negación histórica de un Estado a una matanza sistematizada, a un genocidio perpetuado con total impunidad y sin culpa alguna) nos hace ver que la Muerte se vale de distintos mecanismos para imponerse.

Que la llegada a esa Buenos Aires europeizada, “francesa” y exclusiva (“la Perla del Plata”, la sucursal europea en “las Américas”, el exponente de lo cosmopolita) de una masa amorfa, inculta, salvaje, con prácticas no cristianas, sucia, mestiza e india produzca esto es, lamentablemente, lógico si entendemos estos cánones o pautas sociales que rigen a las estructuras de poder social-económico-político y sobre todo culturales. Lógico, digo, ya que yendo desde Jauretche a Freud (y noten que aludo a tipos muy distintos en muchos aspectos, que estudiaban y se ocupaban de cuestiones en apariencia no relacionadas) estamos notando ciertos rasgos de carácter o patrones propios del hombre malo por naturaleza; uno estudiando a la sociedad argentina, sus contradicciones y demás y el otro tratando de describir un esquema del psiquismo humano y situando a este trueque que va desde lo familiar a lo siniestro como consecuencia a un proceso represivo.

Tanto por derecha como por izquierda no se pudo asimilar ese proceso histórico que se estaba dando (y no fue por omisión; la resistencia siempre es intencionada -por más que sea inconsciente-).

 Más allá del Movimiento político que hacía esto posible (entiendo que puede y debe haber discrepancias y contradicciones de tal o cual Gobierno y Modelo), hay que entender esa no capacidad de aceptar que ciertos grupos relegados históricamente de todos sus derechos civiles y humanos puedan, de vez en cuando, tratar de ser portavoces de su propio destino y bienestar. Parecería que, como se aludió a una repetición a esta reticencia, negación y odio, no se va a llegar nunca a buen puerto. Pero creo que si tenemos en claro que este odio humano, que esta Muerte existe debemos poner nuestro empeño en que nunca más una voluntad mezquina, sectaria, individualista, excluyente, racista y discriminatoria castigue a estas expresiones populares. A lo que voy es que no hay que entrar en posiciones ingenuas y simplistas al pensar en que alguna mano mágica o personaje con buena voluntad hará alguna vez posible que esto cambie (porque por más buena voluntad que existe por uno u otro, teniendo como hecho este odio viseral es muy difícil).

Porque el ejemplo del aluvión zoológico es uno, quizás el más significativo por el cambio paradigmático o punto de inflexión, pero solamente uno dentro de la fuerza que quiere que nada cambie, bajo ningún punto de vista, cueste lo que cueste y caiga quien caiga (y “la pucha” que hay ejemplos de la voluntad que expresa esta frase…).

 

Julián A. Ferreyra
jAf-

Bibliografía consultada/recomendada 

  • FREUD, Sigmund: Lo ominoso”, De la historia de una neurosis infantil (el <Hombre de los Lobos>) y otras obras (1917-1919). En Obras Completas, Tomo XVII. Amorrortu editores.
  • JAURETCHE, Arturo: El medio pelo en la sociedad argentina, Capítulo IX: Las clases medias, la nueva burguesía y la aparición del “Medio Pelo”. Analogías y diferencias con el “Medio Pelo”. En Obras Completas, Volumen 3. Ed. Corregidores.
  • SANTORO, Daniel: “La estética Peronista”, en la Revista Caras y Caretas (Verdades y Mitos del Peronismo). Año 48, Nº 2.231.

Contradicciones para NO contradecirnos

30 abril 2009

Blanco Vs. Negro.
Boca Vs. River.
Peronistas Vs. Radicales
Vida Vs. Muerte.
Privado Vs. Público.
Capitalismo Vs. Socialismo.
Progreso Vs. Status Quo.
Izquierda Vs. Derecha.
“Mano dura” Vs. Progresismo.
“El campo” Vs. El Gobierno.

contradiccion1

Más que una reflexión o ensayo acabado, quería abrir el juego del debate para hablar sobre algunas cuestiones; las contradicciones.

A muchas personas muchas veces se les erizan los pelos por “lo contradictorios que somos los argentinos” o “qué país lleno de contradicciones”. En fin, ambas frases aluden al mismo error.

Si hay un elemento que diferencia completamente a los seres humanos de los demás hermanos animales es la capacidad de significar: definirnos, definir a un otro y crear relaciones simbólicas para poder valernos de herramientas [culturales]. Esa capacidad, que parte justamente de la infinidad de subjetividades que coexisten, nos hace ser necesariamente distintos.

En el contexto de este mundo subjetivo, las posiciones encontradas existen. Fueron, son y serán las causantes del factor humano en el hombre: le permiten tener una historia común, por ejemplo.

Ahora bien, dejando un poco de lado la teoría para pasar a la empiria (a lo pragmático), me proponía a reivindicar la importancia y la necesidad de profundizar las contradicciones; nuestras contradicciones como sociedad, como conjunto político que necesariamente debe construirse dentro del marco de nuestras subjetividades contradictorias.

Creo yo que lo opuesto a una contradicción es el reduccionismo, la polarización: una contradicción no es un discurso contradictorio, un razonamiento circular o una postura dogmática sin fundamento del sentido común.

La necesidad de profundizarlas viene como solución a estos enunciados que se crean con el fin de engañar, confundir, malinterpretar o, como antes he escrito, a ser zonceras.

Por eso creo que la importancia de profundizar las contradicciones está en el hecho de que para poder analizar y construir una historia en común, un presente lleno de coyunturas y un futuro que motive a lo utópico es nuestro deber aceptarlas, como decía el compañero Foucault.

Aceptarlas, estudiarlas e indagarlas para no caer en esos reduccionismos que nos impiden crear ideas y propuestas superadoras.

No quiero añadir a esto siguiente una carga valorativa, pero decir, por ejemplo “Campo Vs. Gobierno”  o “Mano dura sí, Derechos Humanos no” es caer en una terrible polarización mediática, en un terrible reduccionismo cargado de errores estructurales.

En vez de realizar etiquetas sin sentido, ¿no sería mejor, entonces, que se tomen en serio las contradicciones, cuya experiencia hizo nacer esa historia política conjunta? 

Reitero: esbozo todo esto porque me parece que reflexionar acerca de nuestras contradicciones, de nuestro pasado común, de las diferencias que nos hacen Nación y argentinos (con todos los desaciertos y virtudes, claro está) es fundamental para salir a buen puerto en el contexto del debate de ideas; y para demostrar, de una vez por todas, que los intereses contrapuestos [deben] existir.

 

Julián A. Ferreyra
jAf-


Reivindicación del concepto de COMPAÑERO

26 febrero 2009

Fuente: Real Academia Española

compañero, ra.peron-balbin
(De compaña).

1. m. y f. Persona que se acompaña con otra para algún fin.
2. m. y f. Cada uno de los individuos de que se compone un cuerpo o una comunidad, como un cabildo, un colegio, etc.
3. m. y f. En varios juegos, cada uno de los jugadores que se unen y ayudan contra los otros.
4. m. y f. Persona que tiene o corre una misma suerte o fortuna con otra.

¿Por qué tanta reticencia a una palabra tan noble?
¿Por qué esa actitud de “cola de paja” al rechazarla por verla vinculada con uno u otro partido o doctrina?

A diferencia de “amigo”, compañero tiene otro significante:
un compañero (de lo que sea) no es necesariamente un AMIGO, conocido de toda la vida, familiar u otros.
Un compañero está vinculado a nosotros por un fin común, un objetivo que nos iguala e identifica.
Un compañero es eso, ni más ni menos.

[j.A.f]


Argentinos sí, Zonzos no

26 febrero 2009

San Jauretche

Seguramente alguna vez un abuelo piola, pariente o persona adulta nos dijo “¡eh…pero no seas zonzo, haceme el favor querés!”.

Ahora bien, ¿qué significa ser zonzo? ¿Qué es una zoncera?

Siguiendo el enunciado ilustrativo del principio, podría tomárselo en sinonimia a “tonto”, “atolondrado” (un adj. que es de mis preferidos), “ingenuo”, “torpe” y demás des-calificativos.

Podrán decir: ¿cómo se aplica esta no-cualidad a un contexto socio-político? ¿Por qué se escribe sobre algo tan ingenuo e inofensivo en un contexto relacionado con lo político, el debate de ideas, con lo Nacional y el Bien común?

A mi juicio, nada más importante en la historia de nuestras desventuras o derrotas políticas, sociales (y si se quiere morales) que el carácter zonzo, desafortunada e intencionalmente incorporado a nuestro contexto social.

Cualquiera que haya seguido leyendo hasta aquí sabrá que la idea de utilizar este concepto no es novedosa ni pertenece a mi autoría: viene traído, macerado y si se quiere admirado de las ideas de Don Arturo Jauretche1, en especial de su obra Manual de Zonceras Argentinas.

Ahora bien, volviendo a qué significa ser zonzo: las palabras a las cuales le atribuí antes el carácter de sinónimo parecerían dar a la idea de zonzo el rasgo de nada más que ingenuo (o si quieren un expresión foránea, naïf). Pero claramente, un zonzo no es solamente un tipo ingenuo (si fuera nada más que esto, no sería un problema).
            Cito:

“Las zonceras que voy a tratar consisten en principios introducidos en nuestra formación intelectual desde la más tierna infancia -y en dosis para adultos- con la apariencia de axiomas, para impedirnos pensar las cosas del país por la simple aplicación del buen sentido…”

Préstese atención a las palabras resaltadas: los principios introducidos hacen notar la influencia de un factor externo (externo en el sentido de foráneo o externo en el sentido otro -compatriota- infestado de colonialismo); este factor es lo que hace dotar a las zonceras del carácter axiomático, de ser incuestionables, dadas por supuestas y de responder al orden de lo establecido (a la realidad cotidiana).2

Esto deviene en una consecuencia que a continuación cito:

 “A medida que usted vaya leyendo algunas, se irá sorprendiendo, como yo oportunamente, de haberlas oído, y hasta repetido, innumerables veces, sin reflexionar sobre ellas y, lo que es peor, pensando desde ellas.”

Ese pensar desde ellas es lo que nos impide lograr la aplicación del buen sentido (resaltado anteriormente): no impide poder llevar a los hechos, contrastar y preguntarnos acerca del por qué de las cosas. Nos impide usar nuestro tan preciado S.C. (sentido común) que tanta falta nos haría para confrontar las punzantes amenazas anti-patria y contrapuestas a los intereses de las mayorías populares.

(Se me vienen a la cabeza dos frases muy célebres de otro grande, Raúl Scalabrini Ortiz3, que viene al caso para ilustrar ese engaño que nos imponen):

“Estos asuntos de economía y finanzas son tan simples que están al alcance de cualquier niño. Sólo requieren saber sumar y restar. Cuando usted no entiende una cosa, pregunte hasta que la entienda. Si no la entiende es que están tratando de robarle.”

“Todo lo que nos rodea es falso e irreal. Es falsa la historia que nos enseñaron. Falsas las creencias económicas que nos imbuyeron. Falsas las perspectivas mundiales que nos presentan y las disyuntivas políticas que nos ofrecen. Irreales las libertades que los textos aseguran. Todo lo material, todo lo venal, transmisible o reproductivo, es extranjero o está sometido a la hegemonía financiera extranjera”.

Luego de semejantes frases y conclusiones, creo que lo que este humilde autor puede aportar es bastante poco; la idea de traer a estos grandes debates (propios de un CLUB con todas las letras) es hacer, si se quiere, una autocrítica, un mea culpa o una actividad reflexiva acerca de estos enunciados, estas zonceras que sistemáticamente se nos van imponiendo. Lo terrible es, justamente, que se nos siguen imponiendo (ya que si fueran estáticas con el solo hecho de leer el libro citado ya estaríamos salvados).  

A mi juicio, la única herramienta que tenemos es seguir aportando nuestra reflexión en pos de desenmascarar cada una de las nuevas zonceras que nos quieran introducir.

Aquí otra cita para reflexionar:

“Las zonceras no se enseñan como una asignatura. Están dispersamente introducidas en todas y hay que irlas entresacando… se apoyan y se complementan unas con otras, pues la pedagogía colonialista no es otra cosa que un puzzle de zonceras. …de la comprobación aislada de cada zoncera llegaremos por inducción -del fenómeno a la ley que lo rige- a comprobar que se trata de un sistema, de elementos de una pedagogía, destinada a impedir que el pensamiento nacional se elabore desde los hechos, es decir desde las comprobaciones del buen sentido.” (Aquí refiere a esa imposibilidad que se nos impone que antes mencioné).

            Retomo la idea, para ir terminando, de no ver al zonzo como un mero ingenuo o tonto: la mayoría de los que administran estas pedagogías no son zonzos congénitos. Por el contrario, son excesivamente vivos ya que ofician de eso y conocen a la perfección las consecuencias y fines que las zonceras que administran traerán. Esto, por acción; no olvidemos que muchos, por omisión, al descubrir la zoncera no quieren enterarse o salir ellos mismos a la luz. Ocurre, creo yo, que a raíz de una suerte de mecanismo defensivo comprenden que al desenmascararse esa mentira estructural se derrumbarían esas bases a las cuales aluden la fuente de sus sabidurías y prestigio (lo más apreciado y cuidado de la cultura mediopelense). De uno u otro modo, por acción u omisión, la consecuencia es la misma; ilustro aquí el ejemplo del hacedor de “la madre que las parió” a todas las zonceras mostrando que este nefasto “prócer” no era ningún tonto al momento de exclamar “Civilización y Barbarie”

“…Todo hecho propio por serlo, era bárbaro y todo hecho ajeno, importado, por serlo, era civilizado. Civilizar, pues, consistió en desnacionalizar.”

***

¿Cómo luchar contra cientos de años de inculcación e imposición de semejantes y tremendas barbaridades y disparates?

¿Cómo, desde nuestra humilde posición, hacer valer ese S.C. para poder demostrar la invalidez y el carácter nefasto de estas premisas?

Dejo otra cita (a ver si sirve a la causa):

“Descubrir las zonceras que llevamos adentro es un acto de liberación: es como sacar un entripado valiéndose de un antiácido, pues hay cierta analogía entre la indigestión alimenticia y la intelectual. Es algo así como confesarse o someterse al psicoanálisis -que son modos de vomitar entripados-, y siendo uno el propio confesor o psicoanalista”.

        Como mencioné antes al pasar, nuestra única arma es investigar, preguntar, desconfiar, molestar e indagar sobre ciertos estamentos de lo que la sociedad da por establecido. Ya es hora, a mi juicio, de que los dogmas y totalitarismos intelectuales sean derrumbados en pos de un conocimiento al servicio de la sociedad y del pueblo todo.

            A no olvidar que “en cuanto el zonzo analiza la zoncera, deja de ser zonzo.”

(No analizarlas, no preguntarnos acerca de ellas nos hace serlo)

 

 

Julián Agustín Ferreyra

[j.A.f]

 

Notas.

 

  1. Semejante tipo no se merece que ponga en su nombre un link a Wikipedia para saber quién era. Regálenle una búsqueda un poco más seria y -copada-.

 

  1. Acentuar tanto el hecho de lo impuesto, de lo no-movible viene a destacar un carácter propio de la zoncera, que es que su fuerza no está en la argumentación; justamente excluyen la argumentación ya que se pretende que no haya discusión.

 

Consultar:

 

  • El Medio Pelo en la Sociedad Argentina y Manual de Zonceras Argentinas

(A. Jauretche)

 

  • El hombre que está solo y espera y Política británica en el Río de la Plata

(R. Scalabrini Ortiz)


Sobre la Esencia de -HACER TIEMPO-

18 febrero 2009

    Definámoslo como un momento. Una especie de hendidura, una grieta en el plano temporal. No juegan, de la forma en que lo hacen en los demás momentos, las horas, minutos y segundos: se comportan…raro.

"el tiempo es tirano" (?)

"el tiempo es tirano" (?)

 

¿Atadura?, ¿Dependencia acerca del acontecimiento consiguiente o próximo deber/quehacer?; todo lo contrario. El compromiso a futuro, el -mandado- pronto a realizar NO es el fin, SINO el medio (y como los legos afirman, el fin justifica los medios)…

Entonces, ¿qué es? Depende, en gran medida, de poder atender y asimilar el beneficio; de agradecer lo que se nos está poniendo de manifiesto a modo de obsequio (en “criollo”: ser menos medio pelo y tener más viveza). Entonces, y sólo de esa forma, se podrá abrazar a estas -anomalías de la rutina-, a estas fluctuaciones espacial-temporales, a estas “subjetividades objetivas” como lo que realmente son: bendiciones. Bendición de la realidad, posibilidad de escape, de ocio creativo, o simplemente de cosas más mundanas como <tengo tiempo y hago de él lo que se me da la gana sin culpa alguna> (expresión a la que se le debería escindir de sus espacios entre palabras para la formación de un vocablo que a mi humilde juicio debería incorporar la Academia).

Vamos concluyendo, por ende, al fin que este apartado quiera abordar para dar cuenta de ese fin (valga la redundancia, y más aún cuando de hacer tiempo se trata).

¿Qué es lo que sentimos? A saber: abstracción (conciente1), tranquilidad, congelamiento2: mirar desde la ventana del Café de turno, y cual observadores inmóviles percibir como todo se agita, como todo tiene una vida propia y que contrariamente no se está viendo; especie de estasis sensorial concentrada en un momento, nuestro momento.  Observar las miserias, el llamado stress y la -locura de cruzar mal-; mirar quietos, muy quietos y relajados para finalmente poder OBSERVAR, y no solamente mirar o ver.

Experiencia única: sensación de quietud, de ida de nuestro ser, PERO acompañada [esa ida o escapada] de esos arcaicos sentidos que este sistema -perfecto-, esta sociedad televisada (en vivo y directo los siete días de la semana) nos ha ido haciendo perder. Esos sentidos cuasi metafísicos, extra e inter sensoriales que nunca usamos se recobran, se vuelven a hacer propios.

Rebuscado, tal vez, resulte; podrían hacerse argumentos de que en la filosofía se encontrarían éstas habilidades, o demás cosas que el pensador de turno nos diría. Pero, nada más alejado.

 

Les propongo, entonces, que se hagan tiempo para poder hacer tiempo.

 

Abracen este momento como una comunión única, como un presente modesto, pero muy útil. Perciban en el hacer tiempo lo que tantos poetas, tangueros, pensadores (que sí pensaban), creadores anónimos y locos muy cuerdos percibieron durante sus experiencias urbanas, ruteras o en la frontera, qué es que en estos momentos de –ocio somático- (contraponiéndose al creativo, que tanto dio y dará de comer a escritores de “autoayuda”), en este disfrute inofensivo y responsable se concentra la tan alabada realización personal (o siendo más sinceros, algo más parecido a la saciedad luego de una sopa caliente en invierno).

Cafetín de Buenos Aires…” Ahí, en un banco de una plaza, en el andén del ferrocarril o subterráneo (dejando pasar de largo a los mismos sin cuidado alguno), apoyados en un cartel de calle de una esquina, en un paraje perdido en rutas interminables con horizonte infinito, en la humedad reconfortante del pasto bañado en Sol primaveral o en donde la imaginación llegue es el lugar indicado.

Sólo la combinación de la sabiduría natural de estas locaciones tan corrientes sumada a  la apropiación de este concepto esencial (fundamental para no morirse como -un pobre tipo-) posibilitarán lo divino (sin pretensiones de perfectibilidad3, claro está) de esta práctica.

Media hora alcanza, o tal vez menos.

¿Es mucho pedir?…

Ah, claro, llegarías tarde… te perderías el teleteatro de moda…

…Sentirías que tu tan preciado tiempo que cotiza en bolsa se malgasta en vicios mundanos

 

Si es así, hermano/a, no entendió  N A D A.

(Ojala que el agua estancada no lo ahogue)

 

 

Agregados conceptuales.

Cuasi-definiciones que, si bien no tienen el carácter o envergadura de conceptos (tampoco pretenden serlo…) son útiles para entender esta filosofía de lo más cotidiana, de esta cosmología del día a día destinada al disfrute, al goce no-paradójico.

 

***

(*1)- Sentir plenamente que nos vamos de nosotros mismos, que nos vamos más allá, bien lejos o acá a la esquina, pero que nos apartamos de nuestra dicotomía (tantas veces atacada) de res cogitans y res extensa; irnos por el hecho de irnos, intento de mirada desde afuera, desde afuera de nosotros mismos pero desde lo más adentro de nuestro ser: quizá todo esto sea exagerado, pero contemplar al –pobre tipo- que se angustia de muerte porque la luz de ese aparato moderador de coches no le fue favorable nos ayuda a, aunque sea, contrastar para marcar a qué NO debemos aspirar.

 

(*2)-  Me congelo, sí (pero no me da frío ni hipotermia). Ese congelamiento me permite romper mi cascarón (ahora endurecido y cediendo a las presiones internas) para poder irme de mi corteza somato sensitiva y jugar, tocar, oler y husmear en dominios ajenos a lo cognoscible; y además de mí se congela todo (aspecto interesante), lo que me permite descongelar a los otros seres/cosas para así poder luego mezclarnos en un uno, un otro, un algo, pero una unidad (y no unas partículas de las que tiene sentido su sumatoria y no el todo).

 

(*3)- La perfección, que Renato Descartes en su Argumento Ontológico puede ser imputada nada más que a través de la presencia y aceptación de un ser superior, Dios (ya que no podríamos tener la noción de lo perfecto por ser nosotros, humanos, y por ende no siendo capaces de alcanzar ese estado), no entra de ninguna manera en la esencia del hacer tiempo; es obvia la justificación, ya que si nosotros fuéramos perfectos, si nuestro tiempo fuera perfectamente calculado, si las distancias se resolvieran en perfectas ecuaciones, si la rutina no dejara lugar a errores prodecimentales NO tendríamos el lujo de estos momentos destinados al “ser-hacer-pensar-hacerpensando-ser yo mismo”.

 

[“mejor que decir es hacer”, está claro; pero mejor que eso es pensar y hacer cosas tal que el pensar salga del mundo de las ideas y se plasme en el hacer como constructo útil y servicial a una realidad que pretende efectivizarse como algo real, valga la redundancia]

 

***


¿El Malestar en la Cultura o La Cultura del Malestar?

18 febrero 2009

opuestas?

opuestas?

¿El Malestar en la Cultura o

La Cultura del Malestar?

 

 

 

 

 

 

Allá por el año 30’, Herr Doktor Sigmund Freud producía uno de sus escritos más maduros y “comprometidos”, titulado El Malestar en la Cultura.

Sin querer entrar de lleno a un análisis psicoanalítico profundo (ya que quién les escribe no es un erudito por el momento en el tema; y además no es el objetivo buscado) pretendo sí relacionar estos valiosísimos aportes que hablan de generalidades, con una presión cultural en particular: la propia, la de este aquí y ahora en la Argentina y “el Mundo” del nefasto postmodernismo. Y además, sentar las bases para que con más tiempo, esfuerzo y análisis se pueda, como Club, llegar a realizar desde un enfoque multidisciplinario una reflexión acerca de estas cuestiones fundamentales que involucran al conjunto social todo dentro de este “quiste” necesario (pero no por eso no-cuestionable) como lo es la Cultura *1.

Dentro de su frondosísima obra, este ensayo en particular se diferencia por tener muy presente un carácter filosófico (y si se quiere sociológico) además del enfoque psicoanalítico característico, ya que nos sitúa en el eterno conflicto o dicotomía individuo-sociedad (exigencias pulsionales Vs. restricciones impuestas por la cultura), argumentando que existe un malestar en los seres humanos propio del proceso cultural del cual son y serán atravesados.

Este malestar se pone de manifiesto en la insatisfacción que el hombre de la cultura [tomando a este término en un sentido amplio, abarcando todas las manifestaciones culturales en lo particular y general] sufre por la simple razón de que la misma debe controlar, restringir, repeler, reprimir, sofocar o aniquilar esos impulsos eróticos y agresivos (que aunque parecen contrarios, se verá que están íntimamente relacionados y que poseen casi idéntica génesis) para poder ser realizada, poder realizarse dentro (instauración de un Superyó que regle la moral y la culpa de los seres) y fuera de los individuos y llegar a hacerse indispensable, inherente y necesaria para convertir al humano en ser humano.

Para Freud, esta sofocación de las mociones pulsionales más puras, “innatas” y fuertes lo diferencian de ese hombre primitivo, “sin restricciones”; y le producen, entre otras cosas, la Neurosis *2 (expresión en síntoma de esta auto-represión impuesta y auto-impuesta).

Ya desde los orígenes de nuestra raza, en ese supuesto genético del Mito de la horda primitiva *3, para lograr la convivencia humana fue necesario pasar del poderío de una sola voluntad tirana (la de ese Padre o patriarca supremo) al poder de todos, al poder de la comunidad; es decir, que todos debieron sacrificar algo de sus instintos (a mi juicio, llegar al Bien Común): la cultura los restringió. O sea, los sacrificios colectivos a favor del tabú (regla auto impuesta y consensuada; por ej., la prohibición del incesto o “un contrato social”) posibilitaron instaurar esa autoridad suprema, superadora de todas las subjetividades (instauración del primer orden social).

O en palabras del autor: “El resultado último debe ser un derecho al que todos –al menos todos los capaces de vida comunitaria –hayan contribuido con el sacrificio de sus pulsiones y en el cual nadie –con la excepción ya mencionada –pueda resultar víctima de la violencia bruta.” (Esto es, que no sobrevenga la “Ley del más fuerte”).

Curiosa pero a la vez obvia conclusión: pareciera que si seguimos este axioma llegaríamos a mostrar cómo la misma fuerza que nos oprime (véase, ese contrato social o “unión que hace la fuerza”) puede llegar a liberarnos, a realizarnos tanto como individuos o como sociedad… Que la enmienda del ser humano sea buscar un equilibrio entre las demandas individuales y las exigencias culturales de masa que le depare eso tan preciado y misterioso: la felicidad (pero no la expuesta por Palito Ortega, claro…).

 

[Movimientismo Vs. Individualismo]

 

¿Cómo encontrar esa felicidad en medio de una Cultura del Malestar? ¿Cómo encontrarla, teniendo en cuenta la existencia de una fuerza propia de la cultura y de los seres, que pretende “llevar todo hacia su situación originaria”, “hacia atrás”? (Pulsión de Muerte).

¿Cómo hacer que esa bendición que tienen los hombres parar reunirse en unidades cada vez mayores y ricas (Eros) pueda hacerle frente a semejante aluvión?

Y siguiendo este último enunciado de “esperanza”: ¡¡¡¿Cómo hacer para amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos?!!!  (O al menos “amarlo como él te ama a ti”)

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Con esto, indudablemente, diríamos: “Homo Homini Lupus”. En todo nuestro derecho: claramente debemos atribuirle al hombre una tremenda cuota de agresividad, de competencia y de demanda individualista (factor que perturba los vínculos interpersonales, desde luego).

¿Cómo “soportamos” esto? Pues bien, “la cultura a nuestro auxilio” (pero de forma paradójica): en vez de llevar a cabo una actitud “racional”, en vez de combatir esto por una vía que alivie al ser, realiza todo lo contrario: violencia para combatir la violencia. Nos expone a una agresión tanto más superior de la que nosotros mismos producimos, llevándonos a una consternación y a una solución que no soluciona nada. Consternación generada por la imposibilidad de descargar, de abreaccionar esa agresión por una vía “sana”, que nos da como resultado un incremento de la autodestrucción, o agresión hacia adentro, o si se quiere masoquismo (aquí es donde se ve esa íntima relación antes mencionada entre la agresión y lo sexual); o, en el caso opuesto, un incremento de las mociones sádicas o violentas hacia “el prójimo” (tanto peores que las -innatas-).

 

(¿No les resulta familiar este enunciado con numerosas campañas político-sociales basadas en la “mano dura” y compañía?)

 

…Y ahora bien, con este “alentador” panorama:

¿Cómo hacer para realizar la casi imposible (por no decir lisa y llanamente no-posible) tarea de buscar el placer y evitar el displacer?

En el texto, el autor distingue 3 fuentes del sufrimiento humano (resumidas brevemente): el poder de la naturaleza, la caducidad de nuestro cuerpo y nuestra insuficiencia para regular nuestras relaciones sociales. Las dos primeras, inevitables; no entendemos la tercera: ¿por qué la sociedad no nos procura satisfacción o bienestar? (de ahí la natural hostilidad hacia lo cultural).

 

“Hecha la Ley, hecha la Trampa”.  Creo que a modo de introducción, deberíamos plantearnos “qué trampas” hacerle a estas leyes culturales que nos oprimen; así como también indagar en el todo y en la suma de las partes (nosotros) acerca de actitudes como el conformismo, la obediencia, la sumisión, entre otras.

Sólo así, tal vez en algún momento tengamos “una cultura como la gente”, una cultura que nos posibilite lograr eso que los que saben siempre dicen: el equilibrio (o sinónimos como equidad, inclusión, igualdad, etc.).

No es menester de este, mi humilde texto, ni del texto del cual me inspiro criticar o demonizar a la cultura: la cultura no es algo ajeno o intocable para nosotros, los Homo Sapiens. Por el contrario, debemos poder tomar conciencia de que nuestras acciones y cambios moldean y moldearán a la cultura; indagando, daríamos cuenta de que parte de “lo siniestro” de las culturas es hacernos “olvidar” que fue la raza humana quién creó el mundo conocido, quién hizo tanto “lo bueno” como “lo malo” (ya que no hubo ningún ente superior que hizo o dejó de hacer los hechos y la historia).

Debemos saber, por último, que en esencia la Cultura es un proceso al servicio del Eros, el cual como se mencionó pretende reunir a los individuos aislados, para así lograr “la gran unidad”: La Humanidad. Y aunque aceptemos a la agresión como inherente al S.H. no por eso debemos resignarnos y no tratar de enmendar “este error de fábrica”, para así poder sortear ese sentimiento de culpa que nos procura menos felicidad, menos dicha. Y así, humildemente y de una vez por todas, hacer lo que decía el viejo Borges (con quién no comparto muchas cosas, pero sí esta frase): “mi único objetivo es ser feliz”

Julián Agustín Ferreyra

[j.A.f.]

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Notas.

 

(*1)Cultura: refiere el texto original al concepto en un sentido amplio; no da cuenta de la cultura en tanto y en cuanto a las manifestaciones culturales más conocidas (como podría ser el arte, la literatura, la música) sino al proceso socializador que hace al hombre ser un ser social, un ser que comparte, inventa y transmite saberes.

 

(*2)Neurosis: En esta obra se la concibe, a fines prácticos, como la lucha entre el interés de la autoconservación y las demandas de la libido, en el cual el Yo (o autoconservación) triunfa, pero paga un precio (el síntoma o formaciones sustitutivas de estas mociones sexuales-libidinales).

De aquí, otro dualismo fundamental para entender el análisis: Eros (extensión incesante, fuerza que acepta “los avatares de la vida” en pos de un camino “hacia adelante”) Vs. Pulsión de Muerte (que para hacer una comparación con lo político, pretende “conservar el status quo”; “ir hacia atrás”, “volver a lo inorgánico”).

 

(*3) Tótem y Tabú.

 

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Bibliografía.

 

FREUD, Sigmund: “El Malestar en la Cultura”, en Obras Completas, Amorrortu editores, tomo XXI.

 

Resumen de “El Malestar en la Cultura”, en http://www.geocities.com/psicoresumenes/Freud/freud3.htm